La autoexigencia y la búsqueda de la perfección son dos características generalmente bien vistas en el mundo de los negocios, pues generan en los profesionales altos niveles de responsabilidad y compromiso con el trabajo que permiten a la empresa avanzar a un ritmo mayor.

Sin embargo, aunque a priori pueden considerarse una cualidad positiva, en exceso se transforman en limitaciones con consecuencias muy perjudiciales, tanto para el trabajador en cuestión, como para el equipo y la organización. ¿Cuándo la autoexigencia es constructiva y cuándo se convierte en un hándicap?

La autoexigencia constructiva

Jesús Mondria Moreno, en su libro El decálogo de la excelencia, incluye cultivar la autoexigencia como uno de los diez elementos para conseguir el éxito. ¿Por qué?

Según señala la doctora en Psicología Marilén Barceló, en una entrevista para Mensalus, las personas autoexigentes presentan una serie de virtudes muy valoradas en el campo profesional:

En este sentido, la autoexigencia bien entendida es evidenciada a través de los siguientes comportamientos:

La autoexigencia destructiva

El problema surge cuando la autoexigencia es llevada al extremo, generando importantes perjuicios para el trabajador y su entorno. En estos casos, lo que era una fortaleza se transforma en una debilidad que presenta una actitud inflexible frente al resto de opiniones, rechaza la colaboración, genera un control exacerbado, provoca tensión en el clima laboral, se bloquea ante situaciones inesperadas, procrastina la entrega de proyectos y, en términos generales, paraliza el avance de la compañía. Además, a nivel individual, esta autoexigencia destructiva produce frustración y desmotivación en el propio trabajador, aminorando notablemente su productividad y bienestar.

¿Cómo podemos reconocer un nivel exagerado de autoexigencia? Estos son los hábitos que indican una personalidad excesivamente perfeccionista:

¿Cuál es la clave para sacar provecho de la autoexigencia?

Según señala Antonio López Ramons, en su libro El éxito sostenible a través del error, “no se trata de dejar de ser autoexigente, sino de limitar la autoexigencia a las demandas del sistema, es decir, de poner el nivel de autoexigencia al servicio del sistema y no en satisfacer las necesidades psíquicas individuales contra el miedo al error”. “Sólo es posible tener una apreciación realista de donde estamos en términos de nuestros objetivos o ideales, cuando nuestra evolución no se basa en el juego auto-castigador o en las defensas contrarrestantes”, añade Claudio Naranjo en La vieja y novísima Gestalt. Actitud y Práctica.

Para que el profesional puede potenciar la autoexigencia desde un punto de vista positivo, proponemos usar la formación como vehículo que le permita desarrollarse profesionalmente en el sentido correcto y con el que adquirir importantes habilidades que mejoren la eficacia profesional y hagan crecer las oportunidades en el mercado laboral.

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