“Estaba equivocado”, dos sencillas palabras que resultan muy difíciles de pronunciar. Sea por vergüenza, por miedo a las represalias, por orgullo o por propia asunción del fallo, la gran mayoría de personas evita reconocer los errores que comete. Sin embargo, admitir una equivocación resulta altamente beneficioso para las personas.

¿Por qué es tan difícil reconocer los errores?

Como seres humanos, todo el mundo se equivoca en mayor o menor medida y, sin embargo, reconocer los errores es algo que muy pocos practicamos con asiduidad. ¿A qué se debe este comportamiento? Existen varias razones principales que lo explican:

¿Por qué debemos entonar el ‘Mea Culpa’?

Como hemos comentado, reconocer los errores dispara nuestra credibilidad, pero no solo eso; admitir nuestros fallos evita que caigamos en la frustración y el sentimiento de culpa, puesto que aunque el resto desconozca la equivocación, nosotros no podemos obviarla. “Podemos engañar a la gente, haciéndoles ver que somos ‘perfectos’, pero jamás nos podremos engañar a nosotros mismos”, asegura Cristina Pérez en Reconocer los errores para crecer.

No cometer fallos solo puede indicar dos cosas: o nos estamos autoengañando o nos mantenemos en una cómoda zona de confort que nos impide evolucionar. Y es que, son los errores, más que los aciertos, los nos brindan la oportunidad de aprender y mejorar. “El único modo de corregir una equivocación es reconocer su existencia y hacer algo al respecto para corregirla, no hay otra opción. Mientras la solución continúe siendo la negación, en cualquiera de sus formas y mecanismos, no hay nada que hacer al respecto”, señala Pedro Martín-Moreno en El sorprendente poder de nuestros errores.

El proceso de aprendizaje no es más que eso, un camino de ensayo-error como el que ocurre en la Ciencia. “Nos concentramos tanto tiempo en maximizar nuestras fortalezas, pero no lo suficiente en comprender cómo y por qué fallamos, lo cual es igualmente importante para el éxito en el mercado”, sostiene Glenn Llopis en 4 Reasons Great Leaders Admit Their Mistakes.

Esta necesidad de reconocer los errores se extiende también al ámbito profesional, donde las compañías deben empezar a instaurar una cultura de la equivocación que permita a los profesionales tener autonomía para proponer nuevos proyectos y sentirse cómodos ante los fallos. Para ser innovador, hay que arriesgarse, pero ¿cómo van los trabajadores a proponer ideas que pueden no funcionar si sus fallos son reprendidos por la organización? En cambio, si la empresa concibe los errores como el primer paso para la mejora, promoverá la creatividad, la iniciativa y la productividad de la plantilla. Como señala Fredy Koffman en su libro La empresa consciente, “los errores son oportunidades de aprendizaje. Un defecto es un tesoro. Así como un síntoma revela una enfermedad subyacente y permite su tratamiento, un error es una oportunidad para analizar y mejorar el proceso que lo creó”.

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